¿Democracia?
La finalidad de nuestra actual democracia no está en convocar una asamblea de hombres ilustrados y prudentes, sino más bien en reunir una recua de serviles nulidades, a las cuales resulta fácil guiar hacia determinadas direcciones, en especial cuando la inteligencia de cada individuo en particular es limitada. Sólo así puede desarrollarse el juego de los partidos políticos en el perjudicial sentido que hoy le singulariza.
Así mismo, no existe pues, en la práctica, responsabilidad y ética, ya que está solo puede radicar en un individuo y nunca en un grupo de charlatanes, que únicamente piensan en sus propios intereses.
El pueblo prefiere el dominante al suplicante y siente mayor satisfacción íntima por las doctrinas que no toleran rivales, que por el liberalismo, del que apenas sabe hacer uso y del que pronto acaba por repudiar. Tiene tan escasa conciencia de la afrenta que representa el verse espiritualmente aterrorizado como de la violación de las libertades que padecen los seres humanos, violación concebida con el propósito de conducir a la revuelta; tampoco advierte la falsedad intrínseca del credo.
Es por ello que urge ante todo y consiste principalmente en la creación de condiciones sociales saludables; sobre este basamento ha de construirse la posibilidad de educar al individuo. Porque sólo cuando un individuo ha alcanzado, gracias a la educación y a la escuela, a conocer la grandeza cultural, económica y, sobre todo, la grandeza política de su patria, puede sentir, y de manera inevitable siente, aquel último orgullo de pertenecer a semejante nación. Y sólo se puede luchar por lo que se ama, amar lo que se respeta y respetar lo que se conoce.
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