Adicción al consumo de compras, las consecuencias
ADICCIÓN AL CONSUMO, COMPRA
IMPULSIVA, Y OTROS COMPORTAMIENTOS PROBLEMÁTICOS RELACIONADOS CON EL CONSUMO Y
EL GASTO.
A menudo se utiliza el termino “adicción al consumo” o “adicción a la compra” de forma muy amplia, para referirse a las diversas manifestaciones de descontrol o atracción excesiva hacia la compra que presentan los consumidores en nuestra sociedad. Pero sería posible distinguir en el comportamiento individual tres tipos de
problemas5:
A) La adicción a la compra como actividad de ocio. Es evidente que en nuestra sociedad, actividades como mirar escaparates, visitar tiendas, o pasar horas en centros comerciales, aunque realmente no se necesite comprar nada, se han convertido en una forma de ocio, en una distracción. Es normal que este tipo de actividades resulten atractivas para muchas personas y, desde luego, están socialmente aceptadas. Sin embargo muchas personas acaban estableciendo un tipo de relación excesiva, una adicción exagerada a estos comportamientos.
B)
Adicción al consumo y compra
impulsiva. Aunque conceptualmente se
trata de dos cuestiones distintas, la adicción al consumo y la compra impulsiva
están interrelacionadas y en ambas se manifiesta un mismo comportamiento: la
carencia de autocontrol para regular las compras y contener los impulsos. Por
adicción al consumo se entiende el afán por efectuar continuamente compras
nuevas, en su inmensa mayoría de cosas innecesarias o superfluas. El concepto
de compra impulsiva se refiere al proceso psíquico por el que muchas personas no son capaces de
controlar sus deseos o sus impulsos y someterlos a la reflexión o la crítica
antes de la compra.6 Por supuesto no todas las compras imprevistas o no
planificadas son compras impulsivas. Una persona puede encontrar una oferta de
un artículo que precisaba, pero que no pensaba comprar de inmediato, y
adquirirlo sin que se trate de una compra impulsiva. Por ello hay que señalar
que una característica básica del comportamiento de las personas con problemas
graves de adicción al consumo es que las compras que realiza son inadecuadas e
insatisfactorias. Es posible que sienta cierto placer al realizarlas o una
sensación de alivio al ceder ante la tensión que le provoca el deseo de compra,
pero después se arrepentirá de la compra efectuada. Este arrepentimiento, en el
caso de personas con problemas intensos de adicción al consumo, puede llegar a
ser una sensación de culpa y malestar muy profunda, aunque para la mayoría de
los consumidores, simplemente el objeto deja de ser atractivo una vez comprado
y se quiere devolver, o se olvida y no se usa jamás.
C) La falta de autocontrol económico es la incapacidad constante para ajustar los hábitos de gasto a las posibilidades económicas de cada sujeto. No se trata de que gastos ordinarios o imprevistos hagan vivir con dificultades, sino que hay una absoluta incapacidad para controlar el dinero personal o familiar racionalmente y disciplinar los gastos, por superfluos que objetivamente sean. Una manifestación de esta falta de control es uso excesivo del crédito, un tipo de comportamiento cada día más frecuente que se ve reforzado y potenciado por el hecho de que en nuestra sociedad existe una invitación constante a vivir por encima de las posibilidades de cada uno. La extensión de las tarjetas de pago diferido y los anuncios de entidades bancarias y establecimientos comerciales que invitan a utilizar el crédito para no privarse de cualquier capricho, tratan de seducir al consumidor para que no deje de comprar todo lo que se le antoje, sin pensar en el peso económico que supone la compra a crédito. Cuando la persona entra en la rueda de “vivir a crédito” se va acostumbrando a enlazar un préstamo con otro, va aumentando su número y la “alegría” con la que se endeuda. El resultado final es el sobreendeudamiento activo, o “culpable”, es decir, el que se deriva de la propia conducta desordenada del consumidor. Este es un problema muy extendido actualmente en la sociedad española.
C) La falta de autocontrol económico es la incapacidad constante para ajustar los hábitos de gasto a las posibilidades económicas de cada sujeto. No se trata de que gastos ordinarios o imprevistos hagan vivir con dificultades, sino que hay una absoluta incapacidad para controlar el dinero personal o familiar racionalmente y disciplinar los gastos, por superfluos que objetivamente sean. Una manifestación de esta falta de control es uso excesivo del crédito, un tipo de comportamiento cada día más frecuente que se ve reforzado y potenciado por el hecho de que en nuestra sociedad existe una invitación constante a vivir por encima de las posibilidades de cada uno. La extensión de las tarjetas de pago diferido y los anuncios de entidades bancarias y establecimientos comerciales que invitan a utilizar el crédito para no privarse de cualquier capricho, tratan de seducir al consumidor para que no deje de comprar todo lo que se le antoje, sin pensar en el peso económico que supone la compra a crédito. Cuando la persona entra en la rueda de “vivir a crédito” se va acostumbrando a enlazar un préstamo con otro, va aumentando su número y la “alegría” con la que se endeuda. El resultado final es el sobreendeudamiento activo, o “culpable”, es decir, el que se deriva de la propia conducta desordenada del consumidor. Este es un problema muy extendido actualmente en la sociedad española.
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